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Mientras ellos colaboran, ¿dónde está el docente?

23 agosto, 2010

Comparto un texto que escribí hace tiempo reflexionando sobre el rol docente pero que creo mantiene su vigencia.

Mientras ellos colaboran, ¿dónde está el docente? (O Del peaje a la nostalgia)

Efectos del mito de la colaboración en el rol docente*.

La re valoración del aprendizaje entre pares y el nuevo escenario de información, comunicación e interacción que posibilita Internet, confluyen en el cuestionamiento del lugar del docente como centro del proceso de aprendizaje: ya sea como única fuente del saber, principal mediador o participante necesario.

Se dice que su rol se debe desplazar de transmisor  de contenidos a guía o facilitador del aprendizaje. Sin embargo, en la práctica, se verifica en muchos casos que en el intento de cambio de rol se da una virtual desaparición del docente.

Se ve reducida su intervención a la elaboración de guías de trabajo o actividades que se desarrollan luego de forma autónoma o grupal entre los aprendices con sus pares, pero con pocas oportunidades de interacción con el docente. El tutor/profesor[1] se retira del proceso de colaboración y solo vuelve a aparecer al final, para evaluar, como un juez, el resultado y el proceso, sin conocer ni haber participado muchas veces de su desarrollo…

Esta conducta docente puede apoyarse o criticarse, pero no se puede negar que es compatible con una concepción (mítica) de la colaboración, por la cual se tiende a presentar la misma como un resultado natural de unas pocas medidas, básicamente relacionadas con el acceso a las nuevas tecnologías y una cesión de control y protagonismo por parte del docente en beneficio del aprendiz.

Contrariamente a la visión más extendida, considero que el  rol docente así entendido no contribuye a la colaboración, o si lo hace es por una vía un tanto violenta.  (Por ejemplo, una persona que aprende a cocinar para no morirse de hambre, aprende de la adversidad, no tiene maestro). Frente a esta visión “minima” del rol docente, cabe hacerse algunas preguntas.

El potencial de guía, de andamiaje para el desarrollo de aprendizajes que solo con ayuda de otros se pueden lograr[2]¿ya no es una función docente?. La explosión cuantitativa que traen aparejada las TICs y el consecuente riesgo de perdernos o sucumbir ante ella… ¿no requiere más que nunca de guías, de ayudas, de modelos?. El hecho de que esas guías o modelos sean limitados y en cierto sentido precarios, ¿significa que es mejor no tenerlos?, ¿o mas bien que podemos tomarlos con expectativas más modestas, tanto acerca de esa ayuda que nos pueden brindar como de la misma posibilidad de lograr modelos acabados?. El hecho de que la información ya no pase ahora a través del libro como eje central, ¿hace descartables a los conocimientos acumulados y elaborados por los docentes durante años?.

El hecho de no conocer todo ni lo último, no invalida el aporte docente, ni siquiera en el plano de los contenidos. Lo que requiere la nueva cultura del aprendizaje, entre otras cosas, es modestia.

Porque no se trata de reemplazar al docente por internet, trasladando de uno a otra la imagen idealizada de fuente del saber. ¿O acaso el bullicio de la red, con sus múltiples voces y ecos, es un modelo con el cual medir el aporte del maestro? Es necesario estar alertas para que no suceda que al desechar un modelo docente perimido, estemos “tirando al chico- el rol- con el agua sucia”.

El énfasis en la colaboración entre pares trae el riesgo de opacar el valor del docente para apoyar la construcción del conocimiento. En este sentido vale la pena preguntarse si la enseñanza recíproca reemplaza a la enseñanza del docente.

Así como la lectura crítica, que se impone como objetivo educativo ante la presencia de internet, requiere de referencias, marcos conceptuales, modelos y criterios que sirvan de referencia para no naufragar en un mar de estímulos; también la colaboración, y en especial la colaboración virtual, requiere de contención, de andamios firmes sobre los cuales pararse y construir.

Obviamente con esta afirmación no niego la necesidad de reformular el rol docente y de preguntarnos acerca de las necesidades y condiciones de su formación. También valoro sobremanera la libertad del aprendiz para controlar su proceso de aprendizaje en función de sus intereses, necesidades y -sobre todo- siendo activo en el proceso (pues si no ocupa el lugar de protagonista el aprendizaje no sucede, no puede suceder prescindiendo de él).

Por eso,  otro título posible para este apartado podría ser: “Del peaje a la nostalgia”. “Peaje”  haciendo referencia al paso obligado y costoso que tradicionalmente se ha impuesto al aprendiz en términos de clases o actividades cuyo eje es la presencia ante el docente (como si estar ahí fuera sinónimo de aprender, como si bastara con escuchar  y fuese ése el único modo valido de acercarse a un contenido). “Nostalgia” aludiendo a la ausencia del maestro, al abandono que muchas veces se da en contextos de aprendizaje a distancia virtual, más de una vez confundido -o encubierto- bajo las banderas de la colaboración entre pares o del aprendizaje a medida, que promueve el control en las manos del aprendiz que juzga en función de sus intereses (pero también de sus limitaciones e ignorancias).

Frente a esta situación, es interesante la mirada de los múltiples personajes que debe interpretar el maestro, que propone Pozo (1999). Desde su enfoque de la nueva cultura del aprendizaje, que requiere diversos modos de aprender y de enseñar, destaca los nuevos requerimientos que enfrenta el docente:

“Enseñar en la nueva cultura del aprendizaje requiere desarrollar diversos personajes, pero no como máscaras sucesivas, sino integrados en un planteamiento estratégico de la enseñanza” (p.332).

Así, la nueva cultura del aprendizaje, particularmente con aprendices adultos,  necesita de maestros que asuman el rol del “asesor” , en el cual se cede en gran medida la dirección del aprendizaje al aprendiz y el control se hace remoto. En este modelo el aprendiz es quien fija sus objetivos y el maestro supervisa su logro, haciendo preguntas más que ofreciendo respuestas.

Incluso, a veces, el supuesto maestro no es más que un co-aprendiz,

“alguien que va descubriendo ese territorio ignoto a la vez que el aprendiz, tal vez un par de pasos por delante, pero que no necesariamente tiene un plan de intervención establecido con respecto a ese aprendiz concreto” (p. 336).

Pero no es este el único y natural destino del docente. También se requiere que adopte en ocasiones el rol de “tutor”, que fija objetivos pero da libertad para que el aprendiz decida metas y medios para lograrlos. En este rol la supervisión es más cercana y el apoyo más concreto: anticipando problemas, sugiriendo vías de acceso, suministrando posibles respuestas pero cuidándose de no sustituir la necesaria implicación del aprendiz. Es un rol difícil y exigente que supone situarse en ese terreno ambiguo de la ZDP y ayudar a construir puentes entre lo que el aprendiz ya sabe y lo que puede conocer, con ayuda del maestro y colaboración de los pares. Este según Pozo es el rol “estelar” del docente en la nueva cultura del aprendizaje, y el característico de los procesos de aprendizaje colaborativo.

Pero la vision estratégica de la enseñanza no permite ni siquiera estacionarse en este rol, sino que exige abrirse a otras posibilidades también necesarias (para el aprendizaje en general y para el colaborativo en particular). Por ejemplo, el maestro “entrenador”, encargado de establecer un programa de actividades y supervisarlo estrechamente para que sus aprendices se ejerciten y dominen destrezas, técnicas y procedimientos, que luego usaran con criterio estratégico.   Este rol es importante en el aprendizaje colaborativo para asegurarse de que los aprendices posean, por ejemplo, manejo operativo de las tecnologías involucradas, como también de sistemas de organización y metodologías de trabajo intelectual individual y colectivo, que puedan planificar y regular su aprendizaje, etc. Es decir, en el ejemplo que nos ocupa, garantizar los recursos básicos necesarios para desplegar el aprendizaje en colaboración con otros, mediados por las TICS.

Otro personaje necesario en esta historia es el maestro “modelo”. Un modelo para seguir que sea capaz de mostrar cómo se hacen las cosas. Este rol es relevante sobre todo en las habilidades y actitudes sociales, aspecto clave en el aprendizaje colaborativo. Así, es importante rescatar la influencia del docente para “mostrar”, por ejemplo, modos apropiados de participación, de expresión de sentimientos vinculados al trabajo conjunto, como estímulo, apoyo y también expresión constructiva de dificultades y críticas. De igual modo, es importante este rol para modelar procedimientos, por ejemplo del uso de herramientas y recursos  informáticos al servicio de la construcción conjunta del conocimiento (comunicación colaborativa por medio del chat, foro, etc).

Finalmente, rescatamos como un rol más, el papel tradicional de “proveedor” de información. Obviamente no ya como principal función del docente,  pero sí como un aspecto que adquiere sentido nuevo en el contexto de los otros roles. También esta faceta, aunque en menor medida, puede estar presente en el acompañamiento del aprendizaje colaborativo.

El mito tiende a simplificar, a ofrecer certidumbres al presentar las cosas como naturales y evidentes. Es justamente el descuido de este aspecto estratégico del nuevo rol docente uno de los aspectos que permiten ver la influencia del mito también en este ámbito.

Este texto forma parte de una monografía presentada en 2004 como trabajo final de los cursos de doctorado Mitos de la educación a distancia y las Nuevas tecnologías de la Información y Nuevas Tecnologías, Nuevas Prácticas. Registrado bajo licencia creative commons.


[1] La diferencia entre tutor y profesor no es unívoca, depende en parte de los diseños particulares de los sistemas de educación a distancia y también de lo que entendamos por enseñanza. Cfr. Maggio, M. (2000) El rol del tutor en los sistemas de educación a distancia, en: La educación a distancia, Litwin, E. (comp.), Amorrortu, Bs. As.

[2]Zona de Desarrollo Próximo, según el concepto de Vigotsky .

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5 comentarios leave one →
  1. 24 agosto, 2010 13:57

    Buen día Estela:

    Como siempre sus post invitan a la reflexión y al análisis.

    Coincido con el rol de modelo del docente sobre todo en la educación andragógica, allí el reto es demostrar lo que efectivamente se hace. Para plantear aprendizaje con blogs lo mejor es el práctica real del facilitador sobre ellos.

    En lo general el planteamiento de fondo es la centralidad del aprehendiente en la perspectiva autoestructurante de la educación, eso por su supuesto no subvalora y demerita lo que venimos haciendo, pero si lo reinventa. Por afinidad laboral me gusta pensar que nuestro nuevo rol es de consejero de personas que tengan sus propios mensajes que decir, que los expresen en los multilenguajes de la digitalidad y que se hagan oir ante audiencias cada vez mas globales.

    Seguimos conversando

    • 25 agosto, 2010 16:13

      Estimado Leonel,

      antes que nada muchas gracias por detenerte a leer y comentar el post. Es muy importante para mi saber que “hay alguien ahí” a quien le sirve lo que escribo para pensar y que, del mismo modo, me ofrece su propia reflexión para alimentar mi pensamiento.

      Me parece importante lo que dices de reinventar – sin menospreciar- lo que veníamos haciendo (aunque ahora que lo escribo pienso que en verdad no se trata de ninguna cosa uniforme ni pareja, sino múltiple y variada, eso “que veníamos haciendo”). De todos modos, más allá de la distinción, pienso que es bueno y prudente reconocer valor y limitaciones tanto en lo viejo como en lo nuevo. Creo que nos evita excesos de los cuales en breve nos podríamos arrepentir.

      En cuanto al rol de modelo del docente, lo suscribo sobre todo pensando en la importancia de la coherencia entre lo que decimos, hacemos y proponemos a los demás. Constituye un ingrediente importante de la experiencia que propiciamos y que en definitiva es el mensaje.

      Ahora, pensando en aprendices adultos, como vos mismo señalas, creo que el rol de modelo tiene también su faceta riesgosa y es la de “creernos” modelo. Se me ocurre ahora, a partir de tu comentario, que quizás lo de modelar o ser modelo deba ser más bien una atribución que podemos recibir desde afuera y no una pretensión nuestra.

      Para el otro rol que mencionas referido a ayudar a las personas a expresar sus mensajes y hacerse oír – más que “consejero” creo que preferiría una palabra que no presuponga un saber mayor por parte del docente – le agregaría su contraparte: la de ayudar a las personas a aprender, a buscar, filtrar, dar y encontrar sentido en medio del oceano de información y posibilidades en que nos encontramos.

      Seguimos pensando…
      Un cordial saludo

      Estela

  2. Jean Michel permalink
    24 agosto, 2010 18:08

    Estela,
    revisando novedades en Doctic, encuentro su muy interesante documento que si bien fue escrito en el 2004 está – según mi opinión – muy en la onda de nuestra actualidad.
    Tengo uno aun más viejo (1997), el cual con ligeras adaptaciones debe seguir sirviendo para reflexionar sobre el rol del tutor en educación a distancia y ahora en aprendizaje en línea.
    Dejo una dirección corta: http://tinyurl.com/33k5w34 Su título: “El tutor, el estudiante y su nuevo rol”.
    No voy a entrar en demasiados detalles sino recalcar: “el maestro “modelo”. Un modelo para seguir que sea capaz de mostrar cómo se hacen las cosas. Este rol es relevante sobre todo en las habilidades y actitudes sociales, aspecto clave en el aprendizaje colaborativo”.
    Recupero una vivencia de chats de texto con docentes en proceso de aproximación al uso de las TICEs, con 30-35-40 participantes sobre Yahoo Messenger (solo texto). Cuando se cita al primer chat, muchos sólo han sabido de chat de texto mediante sus hijos que participan en un sinnúmero de chats y descubren un medio de comunicación caótico donde todo el mundo interviene, incluso sin tener claro a quien le escriben (nombres de usuarios que son alias o avatares).
    Si en un chat académico se siguen los parametros de los chats con artistas o deportistas, en mi calidad de moderador muestro un pésimo ejemplo de uso del chat en entornos de aprendizaje; de donde la necesidad de buscar unas estrategias que permitan lograr “algo de orden”. Esto implica diseñar unas actividades y anunciarlas en la agenda del chat al principio (eventualmente con una referencia al tiempo); luego precisar unas reglas del juego (obviamente determinadas por el tutor) y aplicarlas durante el desarrollo del chat (aunque algunas personas se sientan regañadas).
    Para lograr algo de orden, he indicado que cuando en la ventana del chat apareciera la palabra en mayúsculas STOP, STOP, STOP era una señal para dejar de escribir sobre la pregunta de turno para dedicarle unos 3-4-5 minutos para leer lo escrito por todos sobre esa pregunta para, a continuación, permitir unos comentarios-preguntas adicionales antes de cambiar de pregunta o punto. No era gran cosa pero sí servía para captar la atención, facilitar la lectura de las últimas intervenciones, y generar nueva intercomunicación entre los asistentes. Y para mí (en calidad de moderador) observar quién no estaba participando para lanzarle una pregunta directa (preguntica).
    No alargo más. De un proceso extremadamente cerrado puede ser inconveniente pasar a uno extremadamente abierto, sobre todo que trabajamos con seres humanos que no pueden encajonarse en un mismo molde y con diferentes estilos de aprendizaje.

    Saludos. Nos hablamos,

    Jean Michel Chaupart

    • 27 agosto, 2010 16:38

      Hola Jean Michel, gracias por tu comentario. Releyendo la cita que destacas me pongo crítica conmigo misma y veo pretencioso decir que el docente tiene que decir “cómo se hacen las cosas”, pues podría llevar a pensar a alguien en una visión autoritaria – cosa que no era mi intención-. Hecha esa salvedad, en mi experiencia yo también he sufrido en ese tipo de chats caoticos, los cuales he vivido muchas veces como un sufrimiento de poco provecho para el aprendizaje. Quizás haya personas que los disfruten y aprovechen, en calidad de docentes o aprendices, pero evidentemente no son válidos para todo el mundo. Esta diversidad me hace pensar en la oportunidad de rescatar el “encuadre” pedagógico de la actividad, como momento previo a la misma donde se explicitan y eventualmente negocian las reglas del juego. Entonces sí, creo que ese encuadre compartido da el punto de referencia de las conductas y actitudes que el docente puede modelar. Mmm no se si fui clara, cual quier cosa me avisas…
      Un cordial saludo y seguimos dialogando!

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  1. Sobre el silencio y la palabra del profesor « Estelaripa's Blog

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